32 Gracias Irlanda

noviembre 9, 2023

“Me hablas de lengua, patria y religión. Esas son las redes de las que he de procurar escapar”.

James Joyce

Vivir fuera del país que nos vio nacer ha sido una de las aventuras más enriquecedoras que hemos tenido. Ha sido toda una montaña rusa de emociones, y a veces es difícil poder explicar todos los sentimientos que se mezclan cuando decides vivir algo así. Este relato, va desde lo afortunados que fuimos y seguimos siendo con esta experiencia, con el apoyo de tenernos el uno para el otro y de esos seres que amamos, que aún con la distancia, no nos han olvidado.

✍🏽 Cuando comenzaron las despedidas, yo lo veía todo como en cámara lenta. No entendía bien lo que estaba ocurriendo, tal vez porque en mi mente estaba que volveríamos en un par de años. Conforme se acercaba la fecha de partida, mi ser lo empezó a sentir más. Recuerdo que una de las últimas personas de las que nos despedimos fue mi mamá, y nunca imaginé lo que mi cuerpo sentiría cuando la abracé y le dije adiós. Siempre me creí “muy libre”, “muy desapegada”, pero en ese abrazo sentí una fuerte nostalgia de dejar a mi madre. Me dio terror pensar en la posibilidad de no volver a verla.

👫🏽Ahí comenzó la verdadera aventura. Cuando llegamos al aeropuerto, ya las piernas me temblaban un poco, hasta ese momento me pregunté si estábamos tomando la mejor decisión. Pero pos ya no había marcha atrás. Ahí llegaron algunos de nuestros familiares y amigos más cercanos; esto fue muy bonito porque ayudó a pasar mejor el momento. Creo que pocos humanitxs pueden dimensionar el cocktail de emociones que esto implica. Desde afuera, todo se ve fácil, pero todo tiene sus retos.

✈️El momento más fuerte fue cuando nos subimos al avión. Cuando nos abrochamos el cinturón de seguridad y anunciaron que estábamos listos para despegar, ahí escuché el último mensaje de mis sobrinos y me convertí en un mar de lágrimas. Recuerdo que miré a mi humanito y le pedí, que por favor volviéramos a México después de dos años, que no me quería quedar más tiempo en Irlanda. Lloré y lloré, sentí un vació muy fuerte, pero también sentí en el fondo de mi ser que no volveríamos por mucho tiempo, y así han pasado casi seis años.

Debo confesar que, llegar a Irlanda, no fue lo más emocionante; ya conocíamos el país y no era el lugar donde yo nos imaginaba. Sin embargo, había algo que me atraía de la “Isla Esmeralda”, algo que yo no podía entender.

Hoy a la distancia creo que Irlanda me dio lecciones muy enriquecedoras. Me mostró lados de mí que nunca imaginé tener, me confrontó y me permitió reconocer más todo lo que habitaba en mí, era como si cada día que pasábamos ahí se apoderaba más de mí. Nunca dimensioné lo que mi cuerpo y mi mente experimentarían con el frío y la oscuridad. Puedo recordar perfectamente a qué huele cada lugar que recorrimos. También puedo revivir cómo mi cuerpo fue perdiendo fuerza. Jamás imaginé que podía conectar con una tristeza tan profunda; con la oscuridad nos daba mucho sueño y evitábamos dormirnos temprano, sabíamos lo peligroso que esto se podía convertir.

Cuando llegaba la temporada de días cortos y pocas horas de luz, en los supermercados se colocaban muchos letreros para prevenir el suicidio. Solo con leerlos, me aterraba, porque podía reconocer lo que mi cuerpo estaba experimentando.

Afortunadamente en tanta oscuridad, también hay un montón de luz. Los irlandeses han sido las personas más amables que he conocido. Recuerdo un día en el supermercado cuando sonaba la canción “Despacito”, y la cajera me miró con una gran sonrisa. Me hizo señas para que escuchara la música en mi idioma y trató de cantar un poco de la canción. Poco a poco fuimos conociendo personas que se convirtieron en un gran apoyo durante nuestra estancia. Nuestro casero fue cómo un ángel guardián, era impresionante la mirada de nobleza que tenía, yo solo de verlo lo quería abrazar, él tuvo muchísimos detalles con nosotros. Siempre he sentido que fue un enviado del cielo para cuidarnos.

La empresa para la que trabaja mi humanito fue demasiado amable con nosotros y nos cuidó mucho. Recibimos muchos cursos que aproveché al máximo.  Mi primera profesora era una periodista con la que tenía conversaciones fascinantes sobre libros y casos de Irlanda. Lo que más admiraba de ella era que sonreía con orgullo a pesar de tener dos dientes faltantes. Era una mujer preciosa, porque creo que así decidió serlo.

Mi segunda profesora es alguien que habita en mi corazón. Me enseñó lo que significa tener un alma buena. Era una mujer dedicada a su familia, a su hogar, a sus plantas. Me regaló las flores más hermosas que alegraban mis días grises. Compartíamos nuestras historias de vida, nuestros libros, nuestros dolores y nuestras sonrisas.

Por supuesto, aquí vuelven a aparecer mis personas favoritas, nuestras amiguitas del club de lectura. Ellas son y serán esas mujeres a las que admiro, con las que me encanta estar, las que nutren mi alma, a las que escucho con cada parte de mi ser porque quiero que nunca se me olvide todo lo que me enseñan.

Después hablaré de la gente que conocí en mi estancia laboral. El “godinato” irlandés también me abrió los brazos, pero también encontré a sus personitas no amables. Cuando alguien marca mi vida tengo muy claro ese primer momento en que veo a la persona porque todo mi cuerpo, todo mi ser me lo hace saber. En esa época de Godinato tuve a una de las mejores jefas, aunque solo he tenido 2 grandes jefes, y ella fue sin dudarlo mi gran inspiración. También conocí a una gran amiga italiana, que hizo mis días más alegres y que espero conservar su amistad por muchos años más.

Hubo un tiempo en el que el solo pensamiento de Irlanda me llenaba de tristeza. Irlanda me quitó todos los caparazones que me había creado a lo largo de mi vida y me hizo volver a mí, a esa niña hiper-sensible, a eso que nunca me gustó ser porque me habían enseñado que yo no podía ser débil. Aunque me costó conectar con mis aspectos más oscuros, ahora, mirando hacia atrás, estoy tremendamente agradecida por lo que viví en ese lugar. Ya no recuerdo con dolor esos momentos en el tren, a las 5:30 de la mañana, cuando iba hacia mi trabajo y las lágrimas se me salían sin ninguna explicación. Ahora tengo más claridad de lo necesario que fue esa experiencia para volver a habitarme.

Siempre voy a agradecer la amabilidad de los irlandeses, su calidez, sus sonrisas inesperadas. Lo más bonito que tienen es su forma de hacer comunidad, el no olvidar su historia de dolor y así empatizar con la humanidad.

Los paisajes irlandeses son muy dramáticos, te incitan a la introspección, te tientan a llevarte a lugares muy profundos de tu ser. Te desafían, te noquean, pero también te acarician cuando estas listo para ver más allá de lo que se aparece en tu campo de visión.

❤️GRACIAS, MIL GRACIAS IRLANDA. Nos teníamos que encontrar. ❤️

Gracias por leerme.

¡Que tengas un gran día! 😘

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3 Comments

  1. Ay wow!
    Que experiencia tan enriquecedora encontrarte y habitarte de nuevo siempre será un gran acontecimiento. Me gusta mucho notar cómo cada uno de nosotros, tenemos caminos tan distintos y diversos, que nos conducen a ver, sentir, experimentar y sobre todo SER AMOR 🧡
    Aquí estoy leyéndote después de años de no saber de ti, sabiendo al leerte, qué hay un montón de cosas que nos unen. Gracias 🙏

    • Amiga, muchas gracias por tan hermoso mensaje. Leerte es sentir que el tiempo no ha pasado y me da muchísmo gusto volver a encontrate. Te mando muchos abrazos.

  2. Woww que experiencias y vivencias tan duras pero a la vez tan enriquecedoras has tenido hija. Es hermoso leerte e imaginar todo lo que describes en tus relatos, tanto que pareciera que está uno en ese lugar. Gracias por compartir todo lo que te hace tan especial . Los quiero mucho.

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