63 De otra mudanza

enero 10, 2024

«¡Los mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana!»

Chavela Vargas

Creo que a menudo idealizamos o subestimamos lo que implica mudarse de un país a otro. Desde fuera, parece sencillo, pero ser un migrante presenta muchos desafíos. La movilidad humana abarca desde aquellos con el privilegio de viajar cómodamente hasta quienes arriesgan todo por una vida mejor. Todos merecen respeto y apoyo. Ser migrante implica adentrarse en lo desconocido, enfrentar desafíos y adaptarse cada día a una nueva realidad. Aunque algunos migremos desde una posición de “privilegio”, todos necesitamos empatía y solidaridad para afrontar este proceso.

Durante casi 6 años fuera del país natal, he intentado no compartir las experiencias desafiantes que hemos vivido. Muy pocas personas pueden comprenderlo y las respuestas que recibí al hacerlo fueron desalentadoras. Sin embargo, aunque reconozco mi privilegio y la suerte que tengo en la vida, también enfrentamos momentos difíciles.

Cuando la adversidad llega siempre intento recordar lo difícil que debe ser para aquellas personas que cruzan fronteras a pie o en lanchas. Me parte el alma pensar en los niños migrantes y en todo lo que sufren miles de personas en búsqueda de una vida mejor. De verdad que, intento con toda mi alma salir adelante, pero a veces la mente y el cuerpo no reaccionan como yo quisiera. He comprendido que ese es mi desafío en esta vida. Así que, si van a leer mi drama, por fis, háganlo con compasión y cariñito. Si ustedes pudieran habitar esta alma que me tocó, estoy segura de que me entenderían.

Nuestra última mudanza fue caótica. Cuando nos confinaron por el COVID en Irlanda, no imaginé cómo cambiaría todo. Al principio, la idea de trabajar desde casa me emocionó, pero al ver las noticias, el miedo se apoderó de mí. El encierro, el clima y la incertidumbre causaron estragos en mi salud mental. Intenté evadirlo trabajando, pero la depresión se intensificaba cada día más. Empezaron las malas noticias, las muertes cercanas, intentábamos apoyar a la distancia, pero todo dolía en exceso. Empecé a perderme más en la depresión, y cuando esto pasa, no hay actividad o palabras que sirvan para salir de ese agujero. Hasta que un día, apareció un correo en mi bandeja de entrada con una propuesta laboral. Recuerdo perfecto que lo único que leí fue “te ofrecemos más de 300 días con sol”, y de inmediato contesté que estaba interesada, ahí comenzó la aventura.

Cuando llegó el proceso de entrevistas, mi intuición de inmediato me dijo que no sería un buen movimiento laboral, pero sí sería un buen movimiento de vida. Recuerdo perfecto todo lo que sentí y cómo intentaba convencerme de que tendría al control para pasármela bien, disfrutar mi trabajo, y que lo mejor sería vivir en un lugar con sol y cerca del mar. Así que renuncié al trabajo que tenía; cuando tuve mi despedida (virtual), sentí como se me partía el corazón porque dejaba a una buena empresa y a personas que realmente me inspiraban. Sabía que la decisión que estaba tomando era para sobrevivir, mi salud mental estaba muy afectada.

Mi humanito fue el mejor apoyo, logró su reubicación y tuvimos suerte de que se permitiera ese movimiento, a pesar de las restricciones. Todo parecía fluir a nuestro favor. Empacamos todo y en plena pandemia nos mudamos. La sorpresa fue que, al llegar a mi primer día de trabajo, me informan que no se habían dado cuenta de que yo era mexicana, y por lo tanto no tenía permiso de vivir en ese país. Juro que casi me da un infarto, creí que era una broma, hasta que me di cuenta de que estábamos en un verdadero problema cuando me dieron la lista de documentos y requisitos que necesitaba para comenzar el trámite. Ahí comenzó la pesadilla porque si las burocracias están tremendas, durante COVID todo fue peor.

Mis días fueron complicándose, me sentía como una tonta por haber hecho un movimiento así, por no haberle hecho caso a mi intuición, me recriminaba mi “debilidad” ante la oscuridad y los momentos difíciles, por exponer a mi humanito, él ya no podía volver a trabajar en Irlanda porque ya se habían movido todos sus papeles; me sentía fatal, ya habíamos mudado todas nuestras cosas, habíamos vendido todo lo que teníamos en Irlanda, y ya estábamos pagando una renta por el nuevo hogar.

En el nuevo país pudimos estar 3 meses y luego tuvimos que volver a Irlanda para continuar nuestro proceso de visado ahí. El tema se complicó, me dijeron que íbamos a Irlanda solo por 1 semana en lo que expedían la nueva visa y esa semana se convirtió en tres largos meses. Afortunadamente nuestro ángel guardián nos rescató, ya que debido a las restricciones no había hoteles, y no se podía rentar, pero llamamos a nuestro antiguo casero y afortunadamente no había rentado la casa donde vivíamos y volvimos a ese hogar.

Esos tres meses fueron realmente retadores, volvimos a la oscuridad del invierno irlandés y me sumergí en una depresión muy severa, solo me despertaba para conectar mi computadora y trabajar, en cuanto terminaba mi horario laboral, mi mente se volvía a perder. Las restricciones seguían y no podíamos salir de casa, no tenía ni un libro, la casa estaba vacía, teníamos lo mínimo para llevar nuestra vida. Mi humanito intentaba darme ánimos, pero yo seguía sintiendo el fracaso de mi decisión.

Todo me daba terror, me enfermé, no disfrutaba mi trabajo, nunca había recibido tan malos tratos en un entorno laboral. Intentaba con todas mis fuerzas enfocarme en lo positivo; en que mi humanito y yo estábamos juntos, que mis seres queridos aún seguían a salvo del virus, que afortunadamente teníamos un lugar seguro para poder vivir esa experiencia. En México recibimos como siempre el apoyo de mi mamá y de un gran amigo que nos ayudaron a conseguir todos los documentos que necesitábamos, pero me daba terror exponerlos, y que salieran a la calle por nuestros trámites.

Finalmente, después de tres meses y ocho días, recibimos la llamada anunciando la aprobación de nuestros visados. Lloré de la alegría, nunca olvidaré ese abrazo que recibí de mi humanito, estábamos listos. Yo quería salir corriendo de Irlanda, necesitaba ver un día con sol, con el cielo azul. Compramos nuestros vuelos y al día siguiente ya estábamos de vuelta en el que por fin sería nuestro nuevo hogar español. Recuerdo perfecto la alegría que sentí al volver a este país que nos ha recibido desde entonces. Debo confesar que España nunca estuvo en mi radar, tenemos una lista de lugares donde nos gustaría vivir y España no está en esa lista, pero no sé qué tiene este país que me ha enamorado, nunca había disfrutado tanto de un lugar.

Poquísimas veces mi intuición me falla, todo lo que supuse que pasaría en mi entorno laboral pasó, mi primer año fue muy retador, muchas veces lloré de frustración y tristeza, pero también sabía que había llegado a un lugar donde mi alma quería estar y que ese era solo un trabajo temporal, que era muy valioso tener una experiencia así porque era otra forma de aprendizaje; ahí viví muchas cosas que nunca me gustaría ser o hacer. Al final todo se acomoda y siempre llegan nuevos amaneceres. Hoy estoy muy muy agradecida con lo que vivimos. Mi humanito y yo estamos disfrutando muchísimo esta gran oportunidad de vida.

Así que ahora vendrán nuevos posts con todo lo chulo y lo que más nos ha maravillado de vivir en este país.

Gracias por leerme.

¡Que tengas un gran día! 😘

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